Asturias ha perdido una nueva conexión aérea. En este caso con Barcelona y después de que Spanair decidiese cancelar su actividad al fracasar el intento de la aerolínea catala de encontrar un nuevo accionista que inyectase el capital necesario para seguir adelante, alrededor de 150 millones de euros. Según fuentes del aeropuerto asturiano de Santiago del Monte, Spanair contaba con seis enlaces con la ciudad condal y operaba con el Principado desde año 1998, volando, principalmente a Barcelona pero también con otras ciudades.
Por lo pronto, el vuelo que salía de Barcelona a las 21,15 de la noche de ayer lo hizo con normalidad pero no así el que tenía que salir del Principado a las 22,15. Según el aeropuerto, la aeronave despegó, pero lo hizo en posición, es decir, sin pasajeros y con rumbo a Madrid. Las 24 personas afectadas fueron reubicadas en otros vuelos. Sin ir más lejos, Vueling, la única aerolínea que opera a partir de ahora con Barcelona anunció el aumento de su presencia en Asturias con la pernoctación de su tripulación y un vuelo a las 7,10 de la mañana. Vueling anunció que reforzará sus conexiones con cuatro vuelos al día por sentido.
La pérdida de los vuelos de Spanair se suma al goteo de eliminación de enlaces aéreos desde Asturias por parte de otras compañías. Por ejemplo, EasyJet dejó de operar con Madrid y Ginebra y AirEuropa también abandonó su conexión con la capital de España, dejando a Iberia con el monopolio. Lo cierto es que la pérdida de vuelos desde Asturias ha sido una constante desde el estallido de la crisis.
Aviación Civil y Aena trabajaban ayer por la tarde para poder distribuir los pasajeros con billete de Spanair en otras compañías, que ya tenían preparado un dispositivo por si las noticias que inundaban el sector aeronáutico se confirmaban. Aunque la compañía fue la última en confirmar el cese de su actividad, las explicaciones que ofrecía eran sintomáticas de lo que ocurriría horas después. “La operativa de vuelos se mantiene con normalidad”, afirmaba un portavoz sin que se preguntara al respecto. A las seis de la tarde, la aerolínea dejaba de vender billetes en su web.
Ayudar a los pasajeros A esas horas el reto ya era otro. Dar cabida a los pasajeros de la compañía que tienen billetes para los próximos días. La compañía transportó el pasado año 12,5 millones de pasajeros. En enero de 2011 transportó cada día un promedio de 25.000 pasajeros. Un número de personas parecido al que hoy irá a los aeropuertos donde opera con la esperanza de poder tomar un avión.
La amenaza de que la Comisión Europea obligara a la aerolínea a devolver los 112 millones de euros que había recibido de la Generalitat y del Ayuntamiento de Barcelona se había convertido en la espada de Damocles de la compañía. El propio presidente del Gobierno catalán, Artur Mas, se reunió ayer con el máximo dirigente de la compañía, Ferran Soriano, para comunicarle que no habría más transfusiones de fondos públicos. La última, en pleno proceso de recortes públicos, se acordó el pasado mes de diciembre por una cuantía de 25 millones de euros.
Negativa catarí El cierre de ese grifo es la razón principal por la que Qatar Airways, que negociaba desde octubre convertirse en el principal accionista con una inyección de 150 millones de euros (el equivalente al 49,9% del capital), se decantó por el no a la operación. Spanair ha contado con muchos pretendientes iniciales en los dos últimos años. Desde Lufthansa a Turkish Airlines, pasando por el grupo chino HNA.
Su abultado endeudamiento, 206 millones de euros, para una compañía que está todavía lejos de los números negros la clave de su fracaso. Perdió 116 millones en 2010 y otros 60 millones en 2011. Cada vez que uno de sus aviones despegaba perdía algo de dinero. “Tenía costes de compañía grande y aviones de aerolínea pequeña”, señalaba ayer un empresario.
D







vídeo:
vídeo:
vídeo: